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Control Mental: ¿Hasta qué punto es posible?

Desde pequeños se nos han dicho cosas del estilo: No estés triste, no tengas miedo, no pienses más en esto… Dándonos a entender que podemos elegir qué queremos pensar o sentir en cada momento, generando la ilusión del control mental: Partiendo de la base de que las personas podemos controlar nuestra mente y elegir qué pensamientos y emociones tener, y cuáles no, según nuestra voluntad.

Sin embargo, sería extraño pedirle a una persona ante la pérdida de un ser querido, para no sentir la tristeza y dolor natural de esa situación, que estuviera contenta. Poniéndonos en su piel, parecería absurdo sugerirlo, e imposible, lograr estar contentos en una situación así. Del mismo modo, nos resultaría imposible cumplir la siguiente orden: “Enamórate de la próxima persona que te cruces por la calle, sea quien sea”. Incluso en el caso que nos prometieran una gran fortcontrol mental sfr psicologauna a cambio de hacerlo, nos sería imposible.

Parece ser entonces que no podemos someter los sentimientos y emociones a nuestra voluntad, si bien a nivel social y cultural, a juzgar por nuestra manera de hablar sobre ellos, parece que esté establecido lo contrario. Con los pensamientos, parece que el fenómeno es parecido: Como en el clásico ejemplo de “no pienses en un elefante azul”, resulta difícil no pensar en él, ¿cierto? Podemos decidir sí pensar en él, y lograrlo. Pero no podemos decidir no pensar en él, y conseguirlo.

En sesión muchas veces observo con mis pacientes esta paradoja del control mental. El no querer pensar o sentir cosas dolorosas, desagradables, hace precisamente que las personas se queden mucho más atrapadas a estos pensamientos o emociones. Gran parte de los comportamientos que se realizan para evitar pensar o sentir eso, son contraproducentes y hacen que esos pensamientos o emociones sean todavía más frecuentes. Probablemente, ayer ningún lector pensara en un elefante azul. Pero hoy, que hacemos que sea importante no pensar en él, resulta que sí se piensa.

Si cada mañana, nada más levantarnos, nos recordamos y preocupamos de que es muy importante no pensar en algo, será mucho más probable pensar en ello, que si restáramos importancia al hecho de pensar o sentir eso.

Aun así, lo especialmente importante es el hecho de que las personas podemos llegar a destinar una gran cantidad de tiempo y energía a luchar contra estos pensamientos o emociones, tiempo y energía que quitamos de estar viviendo de la manera que nos gustaría vivir, enfocados en lo que estamos haciendo y en disfrutar de ello.

El no querer pensar o sentir cosas dolorosas, desagradables, hace precisamente que las personas se queden mucho más atrapadas a estos pensamientos o emociones.

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Las emociones y pensamientos negativos son especialmente hábiles para “secuestrar” nuestra atención, de modo que cada vez que aparecen lo importante del momento deja de ser importante y todo gira entorno a cómo deshacernos o reducir ese malestar. Según lo que dicen, se consideran pensamientos como inadmisibles, de modo que hay que hacer cualquier cosa para eliminarlos de nuestra mente. Como veíamos, esta actitud que parece la más lógica y acorde a una falsa ilusión de poder mental con la que hemos crecido en nuestra sociedad, suele ser contraproducente. Una alternativa, basada en la Terapia de Aceptación y Compromiso, podría ser poner en práctica alguna de estas estrategias ante los pensamientos negativos.

¿Es posible el control mental, entonces? Parece ser que los pensamientos y emociones pueden colarse, y se cuelan, según el momento en que estamos y nuestra historia pasada, y no parece posible poder controlarlos bajo nuestra voluntad. Lo que sí se puede controlar, es la actitud con que respondemos ante ellos, si luchamos o aceptamos estos pensamientos, si nos los creemos y obedecemos, o simplemente los notamos, con perspectiva, dejándolos estar para poder seguir centrados en lo que nos importa, en cómo queremos vivir este momento que tenemos delante, con nuestros familiares, amigos, en el trabajo, etcétera.

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